viernes, 3 de junio de 2011

Cuadernos del Espectáculo Nro. 12

Por Carlos Abeijón.
Exclusivo para Radio Capital del Sur



Siempre es un placer ver concretado un nuevo proyecto escénico del talentoso teatrista Alejandro Ullúa. En esta oportunidad-teniendo en gateras otro salto audaz-el riguroso director la emprende con otro texto tan prometedor como desprolijo de la sobrevalorada Patricia Zangaro. Se trata de AFRICA...UN CONTINENTE, una caprichosa ménage á quatre de personajes a punto de arrojarse al abismo de una vida sin rumbo. Como telón de fondo, el prejuicio circula, sin demasiada carnadura, por un continente condenado al olvido. En manos de Ullúa este borrador, de escasa dramaturgia, se convierte en un interesante y vital ejercicio de pura teatralidad, que no decae en ningún momento. Cuenta para ello con un elenco afiatado, en el que sobresale el potencial actoral de Alejo Ortiz. Con simples recursos y mucha imaginación, el teatro recupera su magia. Para tener en cuenta.



Semanas atrás casi tuvimos una epifanía con el estreno local de una gema de la cinematografía italiana: LE CUATTRE VOLTE. Ahora, sin llegar a tanto ,pero con chance de figurar también entre lo mejor de la temporada, llega la inteligente y conmovedora BLUE VALENTINE: UNA HISTORIA DE AMOR, del director norteamericano, más dedicado al género documental, Derek Cianfrance. El cineasta muy seguro de sí mismo, esta vez en la ficción, explora la deconstrucción de un matrimonio con la precisión de un entomólogo. Con precisos flashbacks, va y viene en el tiempo y sigue los avatares de una pareja desde el enamoramiento hasta la disolución del vínculo. Cuenta para ello con un excelente guión, en el cual el participa, y dos actores formidables-Ryan Gosling y Michelle Williams-con una química impresionante. ¿Qué más se puede pedir?. Claro que no todos los estrenos de este jueves alcanzan las mismas cimas, aunque no habría que dejar de lado a la divertida cinta francesa ROMPECORAZONES, donde el hábil director Pascal Chaumeil se mete, con cierta sofisticación en el empeñoso negocio que encara el talentoso Roman Duris, esta vez más descontracturado que en otros dramas desbocados, para salvar parejas con problemas varios. Tiene encanto y divierte. Y siguiendo la moda de las repeticiones de sagas de superhéroes surgidos del cómic, llega X MEN: PRIMERA GENERACION, cuarta entrega y precuela sobre el origen del poder mutante. Con gran despliegue visual y escenarios creativos, no va a decepcionar a sus seguidores. También se puede hacer un modesto recorrido por los sabores típicos de algunos países de América Latina y España en el documental QUE CULPA TIENE EL TOMATE.
Y para no ser menos, en estas pampas también se produce cine, aunque una industria sólida siga brillando por su ausencia. En DESBORDAR, el director Alex Tossenberger se mete con resultados bastante chatos en la triste situación en los centros de salud mental.
Falta audacia y creatividad en nuestro cine. Ya es tiempo de mejorar las cosas.



Después de deleitarnos con espectáculos tan simples como efectivos, como MINA...QUE COSA SEI?, ELLA o BOCCATO DI CARDINALE, entre otras delicias dedicadas a grandes mujeres de la canción italiana, la inquieta Valeria Ambrosio decidió meterse en el fantástico mundo femenino del gran cineasta Federico Fellini (cómo se extrañan los grandes maestros de su estirpe artística, como Bresson, Bergman, Antonioni, Torre Nilsson o Visconti).
Vaya tarea. Sin embargo, sin pretensiones, con mucha imaginación y con un grupo de cantantes de primera línea, sale airosa. De las quince féminas que habían participado en la recordada versión local de NINE, ocho figuran en este elenco y la verdad que se sacan chispas, con especial destaque para la briosa Patricia Browne. Ambientado en un estudio de cine el pequeño musical, llamado LAS MUJERES DE FELLINI, deleita con las melancólicas melodías del genial Nino Rota y proyectadas en una pantalla fantasmal surgen las inolvidables imágenes de ese mago del séptimo arte que fue Fellini: LA DOLCE VITA, AMARCORD, OCHO Y MEDIO, LOS CLOWNS, LA STRADA, LAS NOCHES DE CABIRIA, BOCACCIO `70, ENTREVISTA, en fin todas obras maestras. Ambrosio conoce muy bien el paño y aún tiene mucha tela para cortar para el futuro, siempre deleitándonos con propuestas nada pretenciosas, pero sí muy vitales e imaginativas. Para no perdérselo. Y ya que estamos en la calle Corrientes (por suerte ya voló el humor chabacano y homo fóbico del grupo MIDACHI), no olvidarse de ir a deleitarse con las inteligentes ocurrencias de Juan Pablo Geretto, en LA MAESTRA NORMAL, y las desopilantes imitaciones de Martín Bossi, en M. EL IMPOSTOR, dos propuestas de calidad infrecuente.




La radio también existe...¡y cómo! Mientras me sumerjo (¡también leo!)en la potente imaginación novelística de su último delirio, del impar Haruki Murakami (aunque no lo cambio por Kawabata o Mishima, mis preferidos)escucho y me deleito con la impecable selección musical, las precisas noticias y las voces incomparables de FM MILENIUM. Como soy bastante ecléctico, también disfruto de la frescura de EL EXPRIMIDOR, la solvencia caprichosa de HOLA CHICHE (muchas veces salto de un programa a otro) o la simpatía desbordante de BRAVO CONTINENTAL. Imperdible el esfuerzo artístico de LAS DOS CARATULAS. Y, para los tangueros de ley, no hay nada mejor que BOCACCI A TANGO LIMPIO. MAGDALENA TEMPRANISIMO y Nelson Castro, en PRIMERA MAÑANA, ya cansan con su empaque y sus previsibles bajadas de línea. Pero, a no desesperar porque siempre está con su gran oficio y su sentido del humor indeclinable Virginia Hanglin por dos: VOY Y VENGO y HANGLIN UN APELLIDO DE RADIO. Y siempre es un gusto volver a escuchar a un profesional de fuste, Héctor Larrea en UNA VUELTA NACIONAL. La radio fue, es y será la compañía ideal para cualquier momento del día. ¡A valorarla entonces!
CA

lunes, 30 de mayo de 2011

Fotos del IV Congreso de la Asociación Argentina de Salud Mental.

Durante los días 19, 20 y 21 de mayo se llevó a cabo el Cuarto Congreso Internacional de la Asociación que se llevó a cabo en el Hotel Panamericano de la Ciudad de Buenos Aires.
Allí se presentó nuestra radio en un stand. Estas son algunas de las fotos de las personalidades que han visitado el Congreso. Más de 2200 profesionales se dieron cita en este congreso que cada vez núclea más instituciones y que promueve interés en el área de salud mental de la República Argentina y países limítrofes, como así también invitados de la talla del psicoanalista francés Gerard Pommier.
Las autoridades del Congreso así como la Organización fueron excelentes anfitriones en el marco espectacular del Hotel Panamericano.


































sábado, 28 de mayo de 2011

FALLECIÓ EL RECONOCIDO TENOR RICARDO CASSINELLI




En el día de ayer, en la provincia de Córdoba, falleció nuestro querido y recordado Ricardo Adolfo Cassinelli.
Tenor de carácter, célebre por sus dotes histriónicas y por su humor, Ricardo Cassinelli representa toda una época en la historia del Teatro Colón, al que estaba unido desde sus inicios en el Instituto Superior de Arte y a partir de 1973 como activo integrante de sus elencos de ópera, así como del Coro Estable.
Con una extendida carrera internacional, Cassinelli debutó en Ginebra bajo la dirección de Herbert Graf, antes de ser miembro de la Ópera de Berna. Fue invitado permanente de los principales teatros de Europa y se lo pudo apreciar en los festivales de Glyndebourne, Maggio Musicale Fiorentino, con El tríptico, junto a Mirella Freni y Roberto Alagna, dirigidos por Bruno Bartoletti y grabado para el sello DECCA; Chorégies d'Orange, Salzburgo, como Basilio en Las bodas de Fïgaro, producción de Jean-Pierre Ponnelle y dirección de James Levine (1986), y en 1995 se presentó como Valzacchi de El caballero de la rosa, producción de Herbert Wernicke y dirección de Lorin Maazel.
En los Estados Unidos se presentó con la Ópera de Washington en el Kennedy Center, bajo la dirección de Daniel Barenboim, y con la Ópera de San Diego, como el Abate de Chazeuil en la producción de Tito Capobianco de Adriana Lecouvreur, junto a Joan Sutherland. En América del Sur actuó en los principales teatros, retornando al Teatro Colón año a año. Entre las obras que incluía su vasto repertorio, pueden mencionarse Falstaff, Tosca, Il ritorno d'Ulisse in Patria, La vie parisienne, Rigoletto, Guillermo Tell, Turandot, La fanciulla del


West, Los cuentos de Hoffmann, Attila y Macbeth . Ha realizado incontables grabaciones para los sellos EMI, Philips, Pioneer, Millenium Classics y DECCA. Asimismo, participó en numerosos videos. Sus últimas actuaciones en el Teatro Colón fueron en Sueño de una noche de verano de Britten y en Jonny Spielt auf de Krenek. Finalmente, en 2010 tuvo el honor de participar en la reapertura del Teatro Colón en el papel de Parpignol de La Bohème.

viernes, 27 de mayo de 2011

Cuadernos del espectáculo Nro. 11

Cuadernos del espectáculo Nro. 11
Por Carlos Abeijón.
Exclusivo para Radio Capital del Sur



Otro zafarrancho en la calle Corrientes. En el mismo teatro donde hace algunos meses, tuvimos que sufrir la incalificable propuesta autoral de una ignota dama, que se llamó MUJERES Y BOTELLAS, el incansable, movedizo y sobrevalorado José María Muscari acaba de estrenar su último capricho: OCHO MUJERES. Esta comedia policial de Robert Thomas ya había tenido, en 2002, una deliciosa y sutil versión cinematográfica del talentoso Francois Ozon. Muscari, siempre provocativo y superficial, demuestra su incapacidad para encarar textos ajenos (recordar su tediosa puesta de EL ANATOMISTA.)Con obras de su autoría logró un resultado óptimo con ELECTRA SHOCK, con la maravillosa Carolina Fal demostrando sus grandes cualidades interpretativas. Esta vez, y antes de la locura mediática que le espera en BAILANDO POR UN SUEÑO, en su versión gay, el hiperkinético autor y director se va al demonio. Con recursos burdos y falsamente almodovarianos construye un universo femenino plagado de intrigas, sin la más minima gracia y con una falta de recursos escénicos verdaderamente pasmosa. La elección del elenco, tan heterogéneo como errático, da vergüenza ajena. Sólo se salvan del precipicio del ridículo Mónica Villa, Emilia Mazer e Hilda Bernard. Los tonos calculados de Norma Pons resultan intolerables. Ni que hablar de la poco funcional escenografía de Marcelo Valiente y el horrible vestuario de Pablo Battaglia y Alejandra Robotti.¡Huid!



Se renueva la cartelera cinematográfica: en esta oportunidad, con cinco estrenos. Empecemos por lo nuestro, que esta vez no está tan mal. La cinta nacional EL DEDO, del novel director Sergio Teubal, sigue con bastante prolijidad las andanzas de unos personajes que, con el regreso de la democracia, habitan la pequeña localidad cordobesa de Cerro Colorado. El film oscila cómodamente entre la comedia negra y la sátira política y obtiene un buen rendimiento de sus actores, en especial de Fabián Vena y Gabriel Goity. La otra propuesta vernácula es LA PALABRA EMPEÑADA, con dirección y guión de Juan Pablo Ruiz y Martín Masetti, un empeñoso trabajo de investigación sobre un controvertido periodista que viaja a Cuba para entrevistar a grandes personalidades. Tiene su interés, aunque modesto. Y pasando a un estilo de comedia muy zafado y descontrolado nos encontramos con QUE PASO AYER. PARTE 2, sólo para espíritus poco pretenciosos, con una dirección más que discreta de Todd Phillips. Por otra parte, para los que prefieren el terror explícito que marca tendencia en la actualidad (lejos de crear atmósferas inquietantes) no tienen más que elegir LA NOCHE DEL DEMONIO, del cineasta malayo James Wan.



Esta vez, dejamos lo mejor para el final. Hablamos de la excelente coproducción entre Francia y Canada, INCENDIES, un alegato con fuerte potencial dramático, de Denis Villeneuve en contra de la violencia, en un imaginario lugar de Medio Oriente. Ci vediamo

¡Por fin HOMBRES al fin! Pagina/12


"¡Ya no hay hombres!"
El autor diferencia entre el amor "moderno" y el "posmoderno": el primero "ofrecía la mujer-madre, pasiva y sin deseo sexual, y el hombre-de-familia como sostén indiscutido"; el amor posmoderno despega "madre" de "mujer"; ésta "orienta su vida privada desde el deseo sexual" y "los hombres posmodernos deben responder a nuevas exigencias, entre ellas la de soportar el enunciado 'Ya no hay hombres'".

Por Ernesto S. Sinatra *

Una queja (o un lamento) elevado en ocasiones como grito de guerra, caracteriza a las mujeres en los tiempos actuales: "¡Ya no hay hombres!". Son representadas por él un número apreciable de mujeres heterosexuales que tienen crecientes dificultades para conseguir, sobre todo de un modo permanente, hombres: ya sea para la ocasión, pero especialmente en matrimonio o en concubinato. Sus razones, atendibles, sostienen que, como decía recientemente una analizante, "hombres, lo que se dice hombres de verdad, no se consiguen fácilmente". Esta dificultad va más allá de diferencias de clase social, ya que es usual encontrar a mujeres pobres encabezando familias monoparentales, por el frecuente abandono de los hombres de sus obligaciones laborales y de manutención de sus mujeres e hijos.

El amor moderno, el freudiano, poseía una precisa representación del hombre y de la mujer que se ha transformado notablemente en el amor posmoderno, lacaniano. El primero ofrecía un estereotipo de la mujer-madre como objeto de amor, pasiva y sin deseo sexual, y del hombre-de-familia como el sostén indiscutido del núcleo familiar; mientras que el amor posmoderno, al despegar "madre" de "mujer", caracteriza a ésta por su actividad, por el privilegio del trabajo sobre el hogar, por la orientación de su vida privada desde el deseo sexual; en tanto que los hombres "posmodernos" no solo deben enfrentar las consecuencias del avance sociojurídico de las mujeres, sino que deben responder a sus nuevas exigencias, entre ellas la de soportar el enunciado "Ya no hay hombres" y responder con lo que supuestamente tienen.

Los hombres son empujados por las mujeres a dar una respuesta cash, pues ya no alcanza con vanagloriarse de los oropeles masculinos ligados a la sacrosanta medida del falo, sino que, cada día más, son conducidos a demostrar con cada mujer lo que saben hacer "como hombres".

Verificamos rápidamente las consecuencias para ambos sexos de afrontar el redoblamiento de la apuesta: el surgimiento de nuevos síntomas. En el horizonte masculino surge la devaluación del Don Juan, para muchas mujeres ya una especie en extinción. Es que el modelo donjuanesco requiere de un objeto complementario que ha caído en desuso: el objeto femenino pasivo, sin deseo sexual, sólo despertado por el gran seductor "contra su voluntad". Don Juan se extingue como figura actual. Surgen entonces las mujeres "que tienen" de verdad; especialmente en ciudades industriales de países desarrollados, pero también en sectores acomodados de países subdesarrollados.

Fuertes y seguras, estas mujeres demuestran que efectivamente pueden tener bienes y lucirlos; ellas son exitosas en sus profesiones, autónomas, seguras de sí y partidarias del sexo sin ataduras ni compromisos estables con hombres. Estas mujeres –con frecuencia divorciadas o aun solteras– padecen síntomas que hasta ayer les eran reservados a los hombres: estrés laboral, fobias diversas localizadas en el temor a la pérdida de objetos: de este modo ellas participan de la angustia del propietario.

En este contexto, no debería sorprendernos la proliferación de manuales de autoayuda. Uno de ellos, escrito por una mujer, ha propuesto para las mujeres normas para "saber-vivir": se trata de Barbara De Angelis en su libro Los secretos de los hombres que toda mujer debería saber (ed. Grijalbo), donde les propone a "ellas" reglas para obtener éxito con "ellos". Se trata de un catálogo de seis normas, que expongo a continuación:

1 "Cuando trate de impresionar a un hombre que me gusta hablando tanto acerca de mí misma que no le pregunte a él nada, dejaré de hacerlo y me limitaré a preguntarme si él me conviene." En el inicio se sitúa el goce del bla-bla-bla del lado femenino, ahora presentado como mascarada-carnada. De él se aprecia que es un obstáculo para el pensamiento equilibrado en las mujeres respecto de su deseo. La tradicional posición femenina del hacerse amar encuentra en esta norma su traducción por el goce narcisista de la lengua como un impedimento para asegurar el lazo con el hombre considerado más conveniente.

2 "Le expresaré mis sentimientos negativos tan pronto como sea consciente de ellos antes de que se consoliden, aunque esto implique hacerle daño." Nuevamente, se trata de un llamado a la razón femenina a partir de su función discriminatoria, esta vez para decidir lo que hay que decir y cuándo hacerlo: cada mujer debería estar advertida de sus sentimientos para diferenciar los positivos de los negativos y comunicarlos al partenaire –o candidato– en el momento oportuno.

3 "Trabajaré en cuidar mi relación con mi ex esposo cuidando de no considerarme como dañada, y no hablaré de él como si yo fuese la víctima y él fuese el verdugo." Se introduce aquí una cuestión delicada: la relación de una mujer con su ex. Es notable la toma de posición decidida de la autora: rechaza asumir la posición "natural" de víctima (como suele hacer cierto feminismo débil), y la empuja a confrontarse con su responsabilidad.

4 "Cuando mis sentimientos sean dañinos le diré a mi compañero de pareja qué es lo que estoy sintiendo antes que lloriquear o hacer muecas pretendiendo que no me preocupo o actuando como una niña pequeña." Esta proposición constituye un mixto entre la segunda y la tercera regla, y agrega el rechazo del comportamiento infantil del llanto, al que caracteriza como típica respuesta femenina.

5 "Cuando me vea llenando vacíos, áreas muertas en la relación, me detendré y me preguntaré si mi compañero de pareja me ha dado últimamente mucho a mí; si no lo ha hecho, le pediré lo que necesito, en lugar de hacer las cosas mejor yo." Esta regla busca, nuevamente, apelar a la razón femenina para localizar esta vez lo que el partenaire no da y exigírselo, si correspondiere. Esta norma parece recusar la salida femenina del reemplazo del hombre por ella misma, es decir, parece contrariar el recurso de las "nuevas patronas" (ver más abajo).

6 "Cuando me veo a mí misma dando un consejo que no se me ha pedido o tratando a mi compañero como a un niño, dejaré de hacerlo; tomaré aliento y permitiré que se dé cuenta de qué está fuera de su alcance, a no ser que me pida ayuda." Esta última norma comenta un uso habitual del partenaire masculino en el lazo erótico, frecuente causa de estragos (pero, es preciso agregar, no menos causa de matrimonios): aconseja a cada mujer dejar de situarse como madre cuando el hombre se sitúa como niño.

Cada una de estas normas advierte a las mujeres de algunos de sus síntomas más frecuentes; cada una de ellas gira en torno de la ocasión propicia para responder al partenaire. Pero aquí encontramos la primera dificultad, porque, como se sabe, a la ocasión no sólo la pintan calva sino, también, mujer; y ya que –curiosamente– estas normas no dicen nada acerca de cómo arreglárselas con la otra mujer. Es bien sabido que, cuando una mujer depende de otra para cierto fin, suele haber problemas: Jacques Lacan habló del "estrago" materno para situar la densidad emocional que caracteriza a la relación madre-hija, la que contaminará los futuros encuentros de la hija-mujer con las otras mujeres.

Otra dificultad es que estas reglas son racionales, atinadas, pero –en el mismo punto en el que fracasa todo manual de autoayuda– también suelen ser inservibles. Más allá de esto, en estas normas una mujer toma partido y advierte a otras mujeres, posmodernas, acerca del riesgo de caer en la victimización o en la identificación con la madre, características referibles a la mujer moderna: pasiva y melindrosa, o activa sólo en su función maternal (sobre hijo o marido, da igual).

La patrona
La búsqueda principal para una mujer, en sus encuentros con los hombres –más allá de la satisfacción en sus encuentros sexuales y en la maternidad– la constituye el lograr ser amada por un hombre, llegar a capturar a uno que la ame especialmente a ella, encontrarse con aquel que la distinga con su deseo como una, singular, entre todas las otras mujeres. Cabe observar que, actualmente, este procedimiento suele ser realizado por ellas a repetición, es decir, que el cumplimiento de este rasgo requiere una búsqueda realizada con sucesivos hombres y cuyas condiciones de éxito sólo pueden ser analizadas en cada mujer, singularmente.

Para los hombres, en cambio, la bipartición entre el amor y el goce parece haberlos empujado a una suerte de "infidelidad estructural". Se constituye entonces el problema masculino en estos términos: cómo podría arreglárselas un hombre con una sola mujer, cómo elegir a una y situarla en el lugar de causa de su deseo. Algunos hombres, a los que podríamos denominar neuróticos "tradicionales", suelen llamar a sus esposas "la patrona". La patrona, designación con la que denuncian su elección conforme al tipo de la mujer-madre, organiza sus vidas. Si bien algunos de estos hombres pueden conservar el rasgo de infidelidad "social" y gozar con otras mujeres –sea con amantes ocasionales o estables, o por renta part-time de servicios sexuales–, ¿qué sucede sexualmente con la patrona?

No podría decirse –al menos no en muchos casos– que esos hombres no quieran a su patrona, mujer única para ellos; pero, ¿cómo gozar de la patrona en la cama? Ya que se sabe, desde Freud, que para gozar de una mujer en el acto sexual un hombre debe faltarle el respeto. Esto se refiere a la idealización de una mujer: si una mujer está "allí arriba", no puede compartir el lecho "aquí abajo". Imaginemos a un hombre –estoy pensando en una dificultad narrada por un sujeto obsesivo– que, en el preciso momento de penetrar a su esposa, se encontró viendo a la madre... de sus hijos. ¿Cómo podría poseerla "de verdad", si su libido se halla adherida al objeto incestuoso y toda su vida ha girado en torno de su dedicación a esa madre, mientras secretamente se consagraba –aunque no menos en la actualidad– a ejercicios masturbatorios?

Y ahora desde la perspectiva de "la patrona", ¿qué sucede cuando ella se ubica complaciente y decididamente en su puesto de mando, aunque haga de ese lugar el último baluarte de una sempiterna queja? Una mujer, cuando se trata de obtener goce sexual en el encuentro con un hombre, deberá dejarse tomar como objeto causa de deseo, es decir, prestarse a ese goce que él obtiene con su fantasma, y por ese medio extraer ella Otro goce que excederá no solo a él, sino, y especialmente, a ella misma. La patrona de la que hablamos no parece estar dispuesta a esos deslices libidinales, ya que su satisfacción está puesta en otro lugar: "fabricar a su hombre" (ver más abajo), llámese "maternidad".

Nueva patrona
Las mujeres de hoy ya no necesitan el palo de amasar de la patrona-ama-de-casa como emblema del poder fálico (y quizá tampoco requieran tanto como antes de sus hijos, al menos no de los hijos concebidos con sus maridos). Con las transformaciones del mercado capitalista se ha modificado el equilibrio de fuerzas entre hombres y mujeres. La justa apropiación por parte de las mujeres de sectores ligados tradicionalmente con la esfera pública ha introducido cuantiosos matices en la guerra entre los sexos. Un nuevo tipo femenino no oculta su predilección por el sexo ocasional. Decididas en el encuentro sexual, suelen quejarse de que los hombres se intimidan cuando ellas los encaran dejando ver las llaves de su departamento o de su auto. Ese gesto puede constituir una mostración de la impotencia masculina ("Ahora yo lo tengo y vos no") y resultar para un hombre un castigo aún más doloroso que el inocente palo de amasar de antaño. Venganza femenina/humillación masculina. Sin embargo, un hombre, confrontado con ese señuelo, no tendría por qué sentirse intimidado: sólo la magnitud de su indexación fálica habrá determinado esa respuesta. Una mujer en el diván, enojada consigo misma, se quejaba por cómo había tratado a un hombre que la atraía especialmente. Luego del momento inicial de mutua seducción, y ya en el umbral de un encuentro sexual, ella le preguntó si había traído preservativos. A su respuesta "Traje algunos, ¿y vos?", ella no tuvo mejor idea que decirle: "¡Bueno, bueno, cuánta fe que nos tenemos!". La respuesta de él no se hizo esperar: impotencia sexual.

Del lado de estas mujeres se ha producido una inversión dialéctica en su posición discursiva: han dejado de sentirse "mujeres-objeto" para procurarse "hombres-objeto". Como otra de ellas me enfatizaba en una entrevista: "Yo, como muchas de mis amigas, no estamos dispuestas a tener un hombre al lado durante mucho tiempo. Al tiempo se vuelven insoportables y hay que pedirles que se vayan".

En una primera entrevista, otra mujer –ejecutiva, famosa, reconocida socialmente– hablaba de los hombres igual que ciertos hombres hablan de las mujeres. Un rasgo de su padre, que comentó al pasar, era la sustancia identificatoria de la que se alimentaba: ella era en el mundo de los negocios –éstas fueron sus palabras– "un hombre más", y obtenía su éxito empresarial en el mismo rubro en el que su padre había fracasado. Efectivamente se había transformado en un hombre más, y no le hizo falta ninguna prótesis peneana para serlo; tampoco era homosexual; era una mujer perfectamente neurótica.

Este tipo de mujeres hacen el hombre a su manera: no son las que tienen (ni quieren) un marido a quien hacer existir como el hombre que ellas pretenderían ser; ellas no moldean a "su" hombre a su imagen y semejanza. Para ellas el reemplazo es directo y sin mediación: son ellas quienes lo borran del mapa y se colocan en su lugar. Este tipo de mujer "posmoderna" constituye un envés de aquella otra, "moderna", que, encerrada en su familia, se había dedicado a fabricar a su hombre: vistiéndolo, mandándolo al trabajo (y a la vida), con una caricatura de docilidad que la encuentra pasiva, callada y siempre plegada al deseo masculino.

De esta nueva posición, el testimonio light lo constituyen los clubes de mujeres solas –o casadas pero reunidas solas para la ocasión– presenciando stripteases masculinos, ululando con cada trozo de los cuerpos exhibidos y peleándose ritualmente, de un modo fetichista, para conseguir el slip ofrecido. Esta práctica se ha transformado en un hábito aceptado socialmente; a veces, aunque no siempre, con el único requisito de que las mujeres casadas vuelvan después a sus casas.

Se deduce que la división amor-goce pareciera ya no funcionar exclusivamente del lado de los hombres, a partir de que el simulacro fálico ha tomado legitimidad jurídico-social para las mujeres. Pero quedan aún por determinar las variaciones singulares que se producen, no sólo en la esfera pública, a partir del justo reconocimiento de la paridad legal entre ambos sexos, sino especialmente en el campo del goce sexual, ya que en éste no existe la justicia distributiva.

¡Por fin HOMBRES al fin! Pagina/12

"¡Ya no hay hombres!"
El autor diferencia entre el amor "moderno" y el "posmoderno": el primero "ofrecía la mujer-madre, pasiva y sin deseo sexual, y el hombre-de-familia como sostén indiscutido"; el amor posmoderno despega "madre" de "mujer"; ésta "orienta su vida privada desde el deseo sexual" y "los hombres posmodernos deben responder a nuevas exigencias, entre ellas la de soportar el enunciado 'Ya no hay hombres'".

Por Ernesto S. Sinatra *

Una queja (o un lamento) elevado en ocasiones como grito de guerra, caracteriza a las mujeres en los tiempos actuales: "¡Ya no hay hombres!". Son representadas por él un número apreciable de mujeres heterosexuales que tienen crecientes dificultades para conseguir, sobre todo de un modo permanente, hombres: ya sea para la ocasión, pero especialmente en matrimonio o en concubinato. Sus razones, atendibles, sostienen que, como decía recientemente una analizante, "hombres, lo que se dice hombres de verdad, no se consiguen fácilmente". Esta dificultad va más allá de diferencias de clase social, ya que es usual encontrar a mujeres pobres encabezando familias monoparentales, por el frecuente abandono de los hombres de sus obligaciones laborales y de manutención de sus mujeres e hijos.

El amor moderno, el freudiano, poseía una precisa representación del hombre y de la mujer que se ha transformado notablemente en el amor posmoderno, lacaniano. El primero ofrecía un estereotipo de la mujer-madre como objeto de amor, pasiva y sin deseo sexual, y del hombre-de-familia como el sostén indiscutido del núcleo familiar; mientras que el amor posmoderno, al despegar "madre" de "mujer", caracteriza a ésta por su actividad, por el privilegio del trabajo sobre el hogar, por la orientación de su vida privada desde el deseo sexual; en tanto que los hombres "posmodernos" no solo deben enfrentar las consecuencias del avance sociojurídico de las mujeres, sino que deben responder a sus nuevas exigencias, entre ellas la de soportar el enunciado "Ya no hay hombres" y responder con lo que supuestamente tienen.

Los hombres son empujados por las mujeres a dar una respuesta cash, pues ya no alcanza con vanagloriarse de los oropeles masculinos ligados a la sacrosanta medida del falo, sino que, cada día más, son conducidos a demostrar con cada mujer lo que saben hacer "como hombres".

Verificamos rápidamente las consecuencias para ambos sexos de afrontar el redoblamiento de la apuesta: el surgimiento de nuevos síntomas. En el horizonte masculino surge la devaluación del Don Juan, para muchas mujeres ya una especie en extinción. Es que el modelo donjuanesco requiere de un objeto complementario que ha caído en desuso: el objeto femenino pasivo, sin deseo sexual, sólo despertado por el gran seductor "contra su voluntad". Don Juan se extingue como figura actual. Surgen entonces las mujeres "que tienen" de verdad; especialmente en ciudades industriales de países desarrollados, pero también en sectores acomodados de países subdesarrollados.

Fuertes y seguras, estas mujeres demuestran que efectivamente pueden tener bienes y lucirlos; ellas son exitosas en sus profesiones, autónomas, seguras de sí y partidarias del sexo sin ataduras ni compromisos estables con hombres. Estas mujeres –con frecuencia divorciadas o aun solteras– padecen síntomas que hasta ayer les eran reservados a los hombres: estrés laboral, fobias diversas localizadas en el temor a la pérdida de objetos: de este modo ellas participan de la angustia del propietario.

En este contexto, no debería sorprendernos la proliferación de manuales de autoayuda. Uno de ellos, escrito por una mujer, ha propuesto para las mujeres normas para "saber-vivir": se trata de Barbara De Angelis en su libro Los secretos de los hombres que toda mujer debería saber (ed. Grijalbo), donde les propone a "ellas" reglas para obtener éxito con "ellos". Se trata de un catálogo de seis normas, que expongo a continuación:

1 "Cuando trate de impresionar a un hombre que me gusta hablando tanto acerca de mí misma que no le pregunte a él nada, dejaré de hacerlo y me limitaré a preguntarme si él me conviene." En el inicio se sitúa el goce del bla-bla-bla del lado femenino, ahora presentado como mascarada-carnada. De él se aprecia que es un obstáculo para el pensamiento equilibrado en las mujeres respecto de su deseo. La tradicional posición femenina del hacerse amar encuentra en esta norma su traducción por el goce narcisista de la lengua como un impedimento para asegurar el lazo con el hombre considerado más conveniente.

2 "Le expresaré mis sentimientos negativos tan pronto como sea consciente de ellos antes de que se consoliden, aunque esto implique hacerle daño." Nuevamente, se trata de un llamado a la razón femenina a partir de su función discriminatoria, esta vez para decidir lo que hay que decir y cuándo hacerlo: cada mujer debería estar advertida de sus sentimientos para diferenciar los positivos de los negativos y comunicarlos al partenaire –o candidato– en el momento oportuno.

3 "Trabajaré en cuidar mi relación con mi ex esposo cuidando de no considerarme como dañada, y no hablaré de él como si yo fuese la víctima y él fuese el verdugo." Se introduce aquí una cuestión delicada: la relación de una mujer con su ex. Es notable la toma de posición decidida de la autora: rechaza asumir la posición "natural" de víctima (como suele hacer cierto feminismo débil), y la empuja a confrontarse con su responsabilidad.

4 "Cuando mis sentimientos sean dañinos le diré a mi compañero de pareja qué es lo que estoy sintiendo antes que lloriquear o hacer muecas pretendiendo que no me preocupo o actuando como una niña pequeña." Esta proposición constituye un mixto entre la segunda y la tercera regla, y agrega el rechazo del comportamiento infantil del llanto, al que caracteriza como típica respuesta femenina.

5 "Cuando me vea llenando vacíos, áreas muertas en la relación, me detendré y me preguntaré si mi compañero de pareja me ha dado últimamente mucho a mí; si no lo ha hecho, le pediré lo que necesito, en lugar de hacer las cosas mejor yo." Esta regla busca, nuevamente, apelar a la razón femenina para localizar esta vez lo que el partenaire no da y exigírselo, si correspondiere. Esta norma parece recusar la salida femenina del reemplazo del hombre por ella misma, es decir, parece contrariar el recurso de las "nuevas patronas" (ver más abajo).

6 "Cuando me veo a mí misma dando un consejo que no se me ha pedido o tratando a mi compañero como a un niño, dejaré de hacerlo; tomaré aliento y permitiré que se dé cuenta de qué está fuera de su alcance, a no ser que me pida ayuda." Esta última norma comenta un uso habitual del partenaire masculino en el lazo erótico, frecuente causa de estragos (pero, es preciso agregar, no menos causa de matrimonios): aconseja a cada mujer dejar de situarse como madre cuando el hombre se sitúa como niño.

Cada una de estas normas advierte a las mujeres de algunos de sus síntomas más frecuentes; cada una de ellas gira en torno de la ocasión propicia para responder al partenaire. Pero aquí encontramos la primera dificultad, porque, como se sabe, a la ocasión no sólo la pintan calva sino, también, mujer; y ya que –curiosamente– estas normas no dicen nada acerca de cómo arreglárselas con la otra mujer. Es bien sabido que, cuando una mujer depende de otra para cierto fin, suele haber problemas: Jacques Lacan habló del "estrago" materno para situar la densidad emocional que caracteriza a la relación madre-hija, la que contaminará los futuros encuentros de la hija-mujer con las otras mujeres.

Otra dificultad es que estas reglas son racionales, atinadas, pero –en el mismo punto en el que fracasa todo manual de autoayuda– también suelen ser inservibles. Más allá de esto, en estas normas una mujer toma partido y advierte a otras mujeres, posmodernas, acerca del riesgo de caer en la victimización o en la identificación con la madre, características referibles a la mujer moderna: pasiva y melindrosa, o activa sólo en su función maternal (sobre hijo o marido, da igual).

La patrona
La búsqueda principal para una mujer, en sus encuentros con los hombres –más allá de la satisfacción en sus encuentros sexuales y en la maternidad– la constituye el lograr ser amada por un hombre, llegar a capturar a uno que la ame especialmente a ella, encontrarse con aquel que la distinga con su deseo como una, singular, entre todas las otras mujeres. Cabe observar que, actualmente, este procedimiento suele ser realizado por ellas a repetición, es decir, que el cumplimiento de este rasgo requiere una búsqueda realizada con sucesivos hombres y cuyas condiciones de éxito sólo pueden ser analizadas en cada mujer, singularmente.

Para los hombres, en cambio, la bipartición entre el amor y el goce parece haberlos empujado a una suerte de "infidelidad estructural". Se constituye entonces el problema masculino en estos términos: cómo podría arreglárselas un hombre con una sola mujer, cómo elegir a una y situarla en el lugar de causa de su deseo. Algunos hombres, a los que podríamos denominar neuróticos "tradicionales", suelen llamar a sus esposas "la patrona". La patrona, designación con la que denuncian su elección conforme al tipo de la mujer-madre, organiza sus vidas. Si bien algunos de estos hombres pueden conservar el rasgo de infidelidad "social" y gozar con otras mujeres –sea con amantes ocasionales o estables, o por renta part-time de servicios sexuales–, ¿qué sucede sexualmente con la patrona?

No podría decirse –al menos no en muchos casos– que esos hombres no quieran a su patrona, mujer única para ellos; pero, ¿cómo gozar de la patrona en la cama? Ya que se sabe, desde Freud, que para gozar de una mujer en el acto sexual un hombre debe faltarle el respeto. Esto se refiere a la idealización de una mujer: si una mujer está "allí arriba", no puede compartir el lecho "aquí abajo". Imaginemos a un hombre –estoy pensando en una dificultad narrada por un sujeto obsesivo– que, en el preciso momento de penetrar a su esposa, se encontró viendo a la madre... de sus hijos. ¿Cómo podría poseerla "de verdad", si su libido se halla adherida al objeto incestuoso y toda su vida ha girado en torno de su dedicación a esa madre, mientras secretamente se consagraba –aunque no menos en la actualidad– a ejercicios masturbatorios?

Y ahora desde la perspectiva de "la patrona", ¿qué sucede cuando ella se ubica complaciente y decididamente en su puesto de mando, aunque haga de ese lugar el último baluarte de una sempiterna queja? Una mujer, cuando se trata de obtener goce sexual en el encuentro con un hombre, deberá dejarse tomar como objeto causa de deseo, es decir, prestarse a ese goce que él obtiene con su fantasma, y por ese medio extraer ella Otro goce que excederá no solo a él, sino, y especialmente, a ella misma. La patrona de la que hablamos no parece estar dispuesta a esos deslices libidinales, ya que su satisfacción está puesta en otro lugar: "fabricar a su hombre" (ver más abajo), llámese "maternidad".

Nueva patrona
Las mujeres de hoy ya no necesitan el palo de amasar de la patrona-ama-de-casa como emblema del poder fálico (y quizá tampoco requieran tanto como antes de sus hijos, al menos no de los hijos concebidos con sus maridos). Con las transformaciones del mercado capitalista se ha modificado el equilibrio de fuerzas entre hombres y mujeres. La justa apropiación por parte de las mujeres de sectores ligados tradicionalmente con la esfera pública ha introducido cuantiosos matices en la guerra entre los sexos. Un nuevo tipo femenino no oculta su predilección por el sexo ocasional. Decididas en el encuentro sexual, suelen quejarse de que los hombres se intimidan cuando ellas los encaran dejando ver las llaves de su departamento o de su auto. Ese gesto puede constituir una mostración de la impotencia masculina ("Ahora yo lo tengo y vos no") y resultar para un hombre un castigo aún más doloroso que el inocente palo de amasar de antaño. Venganza femenina/humillación masculina. Sin embargo, un hombre, confrontado con ese señuelo, no tendría por qué sentirse intimidado: sólo la magnitud de su indexación fálica habrá determinado esa respuesta. Una mujer en el diván, enojada consigo misma, se quejaba por cómo había tratado a un hombre que la atraía especialmente. Luego del momento inicial de mutua seducción, y ya en el umbral de un encuentro sexual, ella le preguntó si había traído preservativos. A su respuesta "Traje algunos, ¿y vos?", ella no tuvo mejor idea que decirle: "¡Bueno, bueno, cuánta fe que nos tenemos!". La respuesta de él no se hizo esperar: impotencia sexual.

Del lado de estas mujeres se ha producido una inversión dialéctica en su posición discursiva: han dejado de sentirse "mujeres-objeto" para procurarse "hombres-objeto". Como otra de ellas me enfatizaba en una entrevista: "Yo, como muchas de mis amigas, no estamos dispuestas a tener un hombre al lado durante mucho tiempo. Al tiempo se vuelven insoportables y hay que pedirles que se vayan".

En una primera entrevista, otra mujer –ejecutiva, famosa, reconocida socialmente– hablaba de los hombres igual que ciertos hombres hablan de las mujeres. Un rasgo de su padre, que comentó al pasar, era la sustancia identificatoria de la que se alimentaba: ella era en el mundo de los negocios –éstas fueron sus palabras– "un hombre más", y obtenía su éxito empresarial en el mismo rubro en el que su padre había fracasado. Efectivamente se había transformado en un hombre más, y no le hizo falta ninguna prótesis peneana para serlo; tampoco era homosexual; era una mujer perfectamente neurótica.

Este tipo de mujeres hacen el hombre a su manera: no son las que tienen (ni quieren) un marido a quien hacer existir como el hombre que ellas pretenderían ser; ellas no moldean a "su" hombre a su imagen y semejanza. Para ellas el reemplazo es directo y sin mediación: son ellas quienes lo borran del mapa y se colocan en su lugar. Este tipo de mujer "posmoderna" constituye un envés de aquella otra, "moderna", que, encerrada en su familia, se había dedicado a fabricar a su hombre: vistiéndolo, mandándolo al trabajo (y a la vida), con una caricatura de docilidad que la encuentra pasiva, callada y siempre plegada al deseo masculino.

De esta nueva posición, el testimonio light lo constituyen los clubes de mujeres solas –o casadas pero reunidas solas para la ocasión– presenciando stripteases masculinos, ululando con cada trozo de los cuerpos exhibidos y peleándose ritualmente, de un modo fetichista, para conseguir el slip ofrecido. Esta práctica se ha transformado en un hábito aceptado socialmente; a veces, aunque no siempre, con el único requisito de que las mujeres casadas vuelvan después a sus casas.

Se deduce que la división amor-goce pareciera ya no funcionar exclusivamente del lado de los hombres, a partir de que el simulacro fálico ha tomado legitimidad jurídico-social para las mujeres. Pero quedan aún por determinar las variaciones singulares que se producen, no sólo en la esfera pública, a partir del justo reconocimiento de la paridad legal entre ambos sexos, sino especialmente en el campo del goce sexual, ya que en éste no existe la justicia distributiva.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Cuadernos del Espectáculo Nro. 10

Por Carlos Abeijón (in situ desde el Hilton en la entrega de los Martín Fierro –y además tiene tiempo de ver todo lo que escribe o nos engaña y tiene gente que trabaja a su nombre!!!-. Investigaremos. Mientras tanto disfrute de sus comentarios exclusivos para este medio)



Con grandes expectativas y en medio de las polémicas que despierta todos los años la fiesta más importante del espectáculo vernáculo, se llevó a cabo la 41* entrega de los premios Martín Fierro a la producción 2010 de televisión y radio. La ceremonia, con transmisión impecable desde las suntuosas instalaciones del hotel Hilton, fue emitida en alta definición a todo el país por Canal 13. Con la errática conducción de los tan entusiastas como desentonados Natalia Oreiro y Mike Amigorena (sin química entre ellos, poco graciosos y muy poco preparados para tamaña responsabilidad), la fiesta avanzó con todas las grandes figuras presentes, rica comida para los invitados, mucha emoción en los recordatorios (el homenaje a Carlos Balá muy merecido) y los figurones de siempre paseándose por las mesas para robar cámara. Canal trece se llevó 19 premios y PARA VESTIR SANTOS, su mejor programa, se alzó con 9 estatuillas, incluido el Martín Fierro de Oro. Muy merecido el premio a la mejor actuación que recibieron Gabriela Toscano, Rodrigo de la Serna (un actor que sigue deslumbrando con su ductilidad), Raúl Taibo y la gran Selva Alemán (al fin un reconocimiento para esta actriz formidable). El público premió con el Platino al rey del estilo y la banalidad, Marcelo Tinelli. Bueno, este país da para todo, qué vamos a hacer. Para recordar la cara triste y la expresión de odio de la Señora, cuando se enteró que no ganó nada. Dios es justo



Las series se estrenan en el cable con un ritmo vertiginoso y muchos productos son de gran calidad. Moviecity está presentando en alta definición la precuela de la impactante SPARTACUS, que desde el año pasado sigue conquistando adeptos en todo el mundo. Centrada en plena decadencia del Imperio Romano, dejó en suspenso la continuidad de la historia y el destino del héroe para presentar LOS DIOSES DE LA ARENA, el comienzo del mito. La ferocidad de las luchas de los gladiadores en el circo y las intrigas palaciegas son mostradas con una crudeza impensada para este tipo de propuestas. La estética con profusión de mutilaciones, sangre a granel, deslumbrantes cuerpos desnudos de hombres y mujeres, orgías para todos los gustos y escenas sexuales al mejor estilo porno soft, sorprende por su artificioso despliegue visual. La reconstrucción de época es precisa y el vestuario de gran vuelo. A pesar de su afán efectista y el ojo puesto en el rating, se sigue con interés por las buenas actuaciones, los diálogos afilados y los cuerpos lustrosos de los gladiadores sacándose chispa en la arena (fruto de largas horas de gimnasio e ingesta de químicos varios. Un plato suculento para gays desaforados y señoras hambrientas de cariño. Bon apetit.



Después de la desprejuiciada versión de la ópera CARMEN, de Bizet, gracias al talento de Marcelo Lombardero (al fin una cigarrera de desbordante sensualidad), Buenos Aire Lírica continúa su apuesta a realizaciones escénicas de vanguardia y al aporte de técnicos y artistas nacionales en la flamante presentación de la poco transitada ópera de Carl María Von Weber, DER FREISCHÛTZ (EL CAZADOR FURTIVO). Resultó auspicioso el rescate de este brillante exponente de la ópera romántica alemana, cuya composición histórica nos remonta a mediados del siglo diecisiete. Con toques fantásticos, esta desesperada historia de amor avanza fácilmente sin los enredados conflictos temáticos tan afines al género. A partir de la bella obertura, la musicalidad afiatada de Weber alcanza su plenitud al final del segundo acto y en el prolongado final. Para disfrutar, la esplendorosa voz de la joven y promisoria soprano Carla Filipcic Holm, en el rol de la atribulada Agathe y la potente afinidad canora del Caspar de Hernàn Iturralde. Discretas la escenografía de Marìa Josè Besozzi y la iluminación de Alejandro Le Roux. El vestuario de Lucìa Marmorek cumple con sus funciones sin demasiado brillo. Y por ser su debut en la regié, Mercedes Marmorek se muestra bastante prolija. Escuchar el canto en idioma alemán nos aparta, con gusto, de los sonidos tradicionales de otros lenguajes operísticos, esta vez en el petit Colón, el teatro Avenida, of course.